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sábado, 12 de mayo de 2012

Richard Estes

[cerca de Chicago, Illinois (USA) - 1932, afortunadamente vive]

No creo que sea muy exagerado definir a Estes como un héroe artístico del siglo XX, puesto que se apartó de la abstracción dominante en la pintura contemporánea para impulsar el movimiento hiperrealista que tantas alegrías ha dado a muchos aficionados a la pintura.



En el New York de los sesenta, donde comenzó a presentar sus primeros trabajos, fue tratado como un auténtico apestado, en pleno dominio de las corrientes post-abstracción y pop; sin embargo, las modas vienen y van, y en los noventa y dos mil todas las colecciones importantes compraron obras suyas.


Yo tuve el privilegio de ver la exposición sobre él que montó el Museo Thyssen de Madrid en 2007, y los cuadros tenían una fuerza excepcional. Horas de trabajo, pruebas, sensibilidad en los encuadres y la elección de la luz, se notaba que eran obras que tenían detrás un trabajo artesanal enorme, algo que se echa a faltar en mucho artista actual famoso.

El autor siempre ha reconocido su admiración por Edward Hopper, también comentado en este blog, aunque se distancia de éste al evitar escenas nocturnas o elementos emocionales o personales en el paisaje.  Se trata de una calidez glaciar, permitidme la expresión.


Los encuadres de Estes buscan definir la luz, impulsar los reflejos, las superficies metálicas y los cristales. Aunque la sensación de muchas obras es de “imitación de la fotografía”, mi opinión es que en realidad buscan plasmar un mundo que tiene mayor nitidez, transparencia, solidez, de lo que podría tener cualquier momento real. Son más reales que las fotos.


Bajo su mirada, la voluntad de imitación de lo real convierte las ciudades modernas –tan efímeras, tan cambiantes- en recuerdos perdurables, sólidos, ajenos a la erosión del tiempo.

martes, 28 de febrero de 2012

Carpe Diem



«Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi
fienm di dederint, Leuconoe, nec Babilonios
temptaris numeros. Ut melius quicquid erit pati!
Seu pluris hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrrenum, sapias, vina liques et spatio brevi
spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit invida
aetas: CARPE DIEM, quam minimum credula postero.»


«No busques el final que a ti o a mí nos tienen reservado los dioses (que por otra parte es sacrilegio saberlo), oh Leuconoé, y no te dediques a investigar los cálculos de los astrólogos babilonios. ¡Vale más sufrir lo que sea!
Puede ser que Júpiter te conceda varios inviernos, o puede ser que éste, que ahora golpea al mar Tirreno contra la rocas de los acantilados, sea el último; pero tú has de ser sabia, y, mientras, filtra el vino y olvídate del breve tiempo que queda amparándote en la larga esperanza. Mientras estamos hablando, he aquí que el tiempo, envidioso, se nos escapa: aprovecha el día de hoy, y no pongas de ninguna manera tu fe en el día de mañana
.»

La biografía de Horacio merece colocarlo en el panteón de los héroes. Quinto Horacio Flaco (Venosa, Italia, 65 a. C. – Roma, 8 a. C.), nació en una familia humilde, de procedencia esclava. Su padre era liberto y, con gran esfuerzo, le proporcionó una educación muy refinada para su posición social, que Horacio aprovechó con gran brillantez, a pesar de las barreras sociales.


En su madurez llegó a ser la mayor gloria de las letras de aquellos días, frecuentando la mesa del emperador y gozando de la protección del millonario Mecenas, su mejor amigo en la madurez, junto al que fue enterrado. Sus poemas eran recitados en todos los rincones del Imperio, auténticos himnos “pop” de enorme repercusión social.

A él debemos este precioso poema, de plena actualidad. Extraígamos al día todo su jugo.


[el dibujo es de Caspar David Friedrich "Las ruinas del monasterio en la nieve"]


A Horacio -buen amigo de sus amigos- le hubiera agradado

dedicar este poema a un amigo, y así lo hago yo,

que lo recuerdo a la memoria de JLML, que nos dejó estos días

para siempre...

aunque siempre nos parezca mucho tiempo.

domingo, 15 de enero de 2012

John James Audubon

[Haití (Antillas Francesas), 1785 - New York (USA), 1851]

La afición del mundo anglosajón por la pintura de naturaleza, sea de paisajes, de animales o de plantas, tuvo su cénit en el siglo XIX, momento en que decenas de expediciones recorrieron el mundo a la búsqueda de nuevas especies que clasificar y describir.

Con ellas viajaban dibujantes y pintores para registrar para la Ciencia los nuevos descubrimientos, trabajando del natural o sobre especimenes cazados para la ocasión. En aquellos tiempos no se planteaban todavía problemas morales a la hora de capturar animales salvajes para las colecciones de los científicos o de los simples aficionados.

Las obras de los mejores pintores de mamíferos, flores, y, sobre todo, aves, comenzaron a ser publicadas en álbumes cuidadosamente editados, que tuvieron una enorme popularidad en la burguesía inglesa o norteamericana de la revolución industrial. La invención de nuevos modelos de imprenta permitió la reproducción de las obras con una calidad hasta entonces desconocida.

La ornitología siempre ha atraído a un mayor número de aficionados que otras ramas de la zoología, con lo que a partir de 1820 comenzaron a publicarse guías de identificación de las aves americanas, africanas o asiáticas, recién descubiertas, y de las europeas, donde día sí y otro también se describían también nuevas especies.

Una de las obras fundamentales de la época fue “The birds of America” de John James Audubon, publicada en 1839, la obra de un genio que en 435 planchas describió la mayor parte de las aves conocidas en América en aquel momento.

La obra de Audubon causón sensación, sobre todo por las novedades que aportaba: realismo del plumaje, estudio del comportamiento del animal y elección de posturas que permiten una correcta identificación. Todo lo que buscamos hoy en una buena guía de aves.

El artista consiguió este salto de calidad sobre sus contemporáneos con una enorme capacidad técnica y pasando muchas horas en el campo, donde realizó miles de bocetos al natural, y en su estudio, donde trabajaba con multitud de especimenes que fueron capturados o cazados para ese propósito.

Una característica muy especial de estas obras es su enorme formato, inusual hasta entonces en el retrato de aves u otros animales. Esto las hace todavía más raras y valiosas, dada la dificultad de controlar el trazo y el color de los plumajes en una superficie tan amplia.

En esta entrada os presento algunos de sus trabajos, realmente notables para los medios técnicos de la época. La obra de Audubon destila el sabor de los descubrimientos del siglo XIX, nos transportan al camarote de Darwin en el 'Beagle' o al despacho de Wallace en Londres, auténticos héroes de la ciencia.
Esta entrada está dedicada mi buen amigo José Antonio Sencianes (
http://diariodeunacuarelista.blogspot.com/), un genio de la pintura, que tanto me ha enseñado a disfrutar de la naturaleza. Un nuevo J.J. Audubon.





















viernes, 16 de septiembre de 2011

Antonio López

(Tomelloso, Ciudad Real, 1936 - afortunadamente vive)

«Mira, creeme, la gente está ansiosa de realismo, no tienes más que ver las colas ante el Thyssen. Hay una cierta unanimidad social sobre que la abstracción es una estafa. Puede ser injusto, pero el arte moderno está pagando sus excesos».

Con estas palabras en la cabeza -el autor ya estará sonriéndo leyendo estas letras- recogí mi entrada en las taquillas del Thyssen (si no hubiera reservado por internet hubiera sido imposible) y penetré en las salas temporales del museo.

Mi impresión inicial fue de cierta prevención. La unanimidad no me gusta demasiado y en la entrada se arremolinaban familias de turistas, peregrinos de las JMJ, guiris con pinta de entendidos y algunos turistas japoneses. Veremos.

Tras las primeras obras, me vienen a la cabeza los criterios clásicos de "integritas, proportio, claritas". Con López volvemos a la tradición de la belleza basada en la proporción y la claridad, aplicada a temas contemporáneos (la ciudad postindustrial, el desnudo cotidiano, el retrato) y nuevos materiales (acero, hormigón).

Me sorprenden mucho los formatos, muy grandes, demostración de su dominio apabullante de la técnica. Las esculturas son sobrecogedoras en su profunda -y moderna- humanidad. Dan cierto miedo, siento decirlo. Me explico perfectamente que sean esculturas para espacios públicos, que pocas se conserven en jardines o estancias privadas.

Sobre los paisajes, los famosos paisajes básicamente de Madrid, son fantásticos, inquietantes. Da la sensación de que casi ninguna de las obras tiene un significado más que la imagen en sí, la impresión de un mundo vacío, construido/creado con el único fin de que el artista lo plasme en el lienzo.




¿La soledad de la gran ciudad? ¿El vacío de relaciones en medio de la muchedumbre? No me atrevo a tanto, básicamente porque me parecen lugares comunes en muchas crónicas.

No nos engañemos, todos necesitamos cierta sensación de soledad para no quedar atrapados en el agobio social.

Si te acercas al lienzo, la pincelada es delicada, corta, con colores tenues, matizados. En los folletos se puede leer que el autor es perfeccionista hasta la obsesión, que varios cuadros han sido objeto de correcciones años después de su entrega al coleccionista. No tengo tanto ojo como para percibir este aspecto, pero la minuciosidad del trazo da mucha fuerza a las imágenes.


«A mi estas multitudes para ver una exposición me cansan muchísimo. Sin embargo, quedarme un rato frente a "La Gran Vía" o "Madrid desde Torres Blancas", me ha producido una sensación tan placentera que lo recordaré durante mucho tiempo».

Estoy de acuerdo.



["Antonio López", la exposición antológica del Museo Thyssen Bornemisza de Madrid, termina el 25 de septiembre de 2011]

martes, 10 de mayo de 2011

William Blake y "el camino del exceso"

Hoy os presento a uno de mis artistas fetiche. Un tipo extraño que vivió entre el XVIII y el XIX, y que produjo poesía, pintura, ilustración, ensayo, diseño y seguramente más cosas bellas que no constan en sus biografías. Todo un personaje.

William Blake es relativamente poco conocido en España, como ocurre con muchos artistas británicos; aunque merece la pena aproximarse a él por la enorme influencia que ha tenido en varios movimientos artísticos contemporáneos. Si observamos su pintura, es realmente impactante que en esa época se atreviera a expresarse con una estética onírica, de formas difusas y extravagantes, llena de símbolos, en muchos casos anticristianos.









Sus acuarelas y dibujos a pastel ilustraron una “Divina Comedia” de Dante, de belleza perturbadora, cuyos ejemplares alcanzan hoy precios de infarto en las subastas, ante la demanda de millonarios aficionados al ocultismo.



Otros autores de la misma época, incluido el último Goya y bastantes pintores de la hermandad prerrafaelita, también plasmaron el poder inspirador de los sueños; pero Blake introdujo atrevimientos formales que otros no se habían permitido, como los monstruos dotados de cierto erotismo o los cuerpos deformados por las pesadillas.



Con el paso de los años, pueden considerarse hijas o nietas de Blake muchas obras de Salvador Dalí, René Magritte y otros pintores del movimiento surrealista, que siempre admitieron su admiración por nuestro protagonista de hoy. Décadas después, su famosa invitación a abrir las puertas de la percepción (“si las puertas de la percepción se purificaran, todo se le aparecería al hombre como es, infinito”) influyó sobre la contracultura de los 60 y 70, los hippies y la psicodelia.


En realidad, muchos cuadros de Blake parecen fruto de los experimentos de drogas y sinestesia que promovió el arte underground. Posteriormente, desde los 80, el rock y muy especialmente el heavy-metal, se inspiró en muchas de las ilustraciones del artista inglés para crear bestias y seres fabulosos que llenaron portadas de discos, camisetas y videos musicales. En realidad, mucha de la estética de determinados tipos de rock y pop –aunque los artistas no sean conscientes de ello- bebe de los presupuestos formales, la pose, los mensajes, el malditismo, de William Blake.

No hay estrella del rock, sea Bob Dylan, The Doors, Rolling Stones, Sex Pistols, AC-DC o Héroes del Silencio, que no haya mencionado alguna vez eso de que “el camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría”.

Os dejo algunos fragmentos de sus “Proverbios del Infierno” para que lo conozcáis un poco más… y recordad, para ser Héroe hay que mantener muy abiertas las puertas de la percepción.


Proverbios del Infierno.

En tiempos de siembra aprende, en tiempos de cosecha enseña y en el invierno goza.

Conduce tu carro y tu arado sobre los huesos de los muertos.

El camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría.

Quien desea y no actúa engendra la plaga.

El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.

Aquel cuyo rostro no irradia luz nunca será estrella.

La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo.

A la atareada abeja no le queda tiempo para la pena.

Ningún alimento sano se atrapa con red ni trampa.

En años de escasez, usa número, peso y medida.

No hay pájaro que vuele demasiado alto si lo hace con sus propias alas.

La cisterna contiene; el manantial rebosa.

Los tigres de la ira son más razonables que los caballos de la instrucción.

Quien recibe agradecido da copiosas cosechas.

El perfeccionamiento traza caminos rectos; pero los torcidos y sin perfeccionar son los caminos del Genio.



Wiliam Blake



(Londres, 1757 - Londres, 1827)

miércoles, 8 de septiembre de 2010

David Hockney

(Bradfor, Reino Unido, 1937 - afortunadamente vive).

En este “final del verano”, me he encontrado con unas láminas de David Hockney que me han transportado a algunos de los mejores finales del verano de mi vida.


«Pool with two figures» (1971).

La pintura tiene a veces un poder de evocación semejante a los olores o a la comida.

Californiano, rico, culto, irreverente, David Hockney es representativo de una época del arte contemporáneo donde el cine y el pop se habían ya introducido en los cuadros, pero donde comenzaban también a utilizarse préstamos de la televisión o de la “historia tres minutos” de los vídeos musicales.

Muy pocos artistas han utilizado los colores planos -tan típicos del movimiento pop- con tanta eficacia como Hockney, y ello le ha llevado a ser una referencia para muchos pintores de finales del XX.



«A bigger splash» (1967).

Muchas veces uno observa la estética “California dream” de Hockney y no sabe muy bien si fue antes su cuadro “Pearblossom Highway” o los vídeos de Beach Boys, de U2 en “Joshua Tree” o el “Californication” de Red Hot Chili Peppers. ¿El huevo o la gallina?





«Model with unfinished self-portrait» (1971).


Lo que resulta muy interesante de este pintor es que no ha dejado de producir obras de calidad hasta hoy. Podéis verlas en http://www.hockneypictures.com/. Sus últimas obras parecen centrarse en la naturaleza y los árboles, bajo su eterna visión pop del mundo, con perspectivas y colores realmente brillantes.

En varias series recientes ha mezclado también los lienzos y el acrílico con el uso de sistemas de edición digital (como mi amigo Senci), demostrando que nunca es tarde -tiene 73 años- para estar al día en las técnicas artísticas.

En cualquier caso, me quedo con sus cuadros de los sesenta y setenta. Las piscinas y las playas de Hockney nos llevan a eternas tardes de verano donde el frescor del agua, la juventud, la risa y la cerveza, se marcan como un tatuaje de tus recuerdos. ¿A quién no le vienen cantidad de sensaciones viendo su famoso “A bigger splash”?.

«Bigger trees rearer Water» (2007).


En realidad, después de uno de esos días, se llega a pensar que el verano no acabará nunca…

Pero resulta que siempre acaba.




«Pearlblossom highway» (1986).

domingo, 29 de agosto de 2010

Verdiales


No es nada extraño que entre la virgen de Agosto (La Asunción) y la virgen de Septiembre (La Victoria) se celebren la mayoría de las fiestas patronales de los pueblos de Málaga.

Como en muchas celebraciones religiosas, se trata de fiestas vinculadas a los ritmos del calendario agrario: el 15 de Agosto se celebra el fin de la siega del trigo y el 9 de Septiembre la vendimia. Pan y vino, centro de la mesa mediterránea. Hay que agradecer a los Dioses que, después de los avatares del cultivo, hayan quedado espigas que recoger y racimos que vendimiar.

En los Montes de Málaga siempre fueron fechas de muchos Verdiales, aunque la fiesta mayor haya quedado para el 28 de Diciembre. Las romerías, las veladas de los jornaleros venidos para la siega o la vendimia, las verbenas, se llenaban de toques de guitarra, pandero y violín, con tres temas básicos, comunes a todas las celebraciones populares: el amor y el desamor, muchas veces tratados con mucha picardía, los motivos del campo y la labranza, y el cariño por la tierra, muchas veces ingrata pero siempre bella.

La fiesta, las noches de vigilia, las brisas de agosto y el vino se prestan a encontrar amores, a disfrutarlos, a perderlos y a recordarlos, bien o mal, dependiendo de cómo hayan terminado. El Verdial no es ajeno al juego que nos lleva de cabeza desde que somos como somos, muchas veces contando las peripecias de la seducción.

"Andas por ahí diciendo
que malos tiros me den
y las fatigas te ahogan
el día que no me ves".

“La primera clavellina
que eche un clavellinero
se la tengo que poner
a mi serrana en el pelo”

“Si quieres que vaya a verte
échale al perro caenas
que antenoche me mordió
por ver tu cara morena.”

Las coplas relacionadas con la temática del desengaño son frecuentes y las más aplaudidas por el auténtico fiestero.

“Las estrellitas del cielo
las cuento y no están cabales,
faltan la tuya y la mía
que son las dos principales".

El verso se hace filo de navaja tras varias copas de los Montes o de Pedro Ximénez, puesto que no había mejor forma de arreglar cuentas que con una letrilla pregonada en medio de la fiesta.

“Si estaba loco por ti,
me preguntaste un día,
si estaba loco por ti.
Maldita lengua la mía
cuando le dijo que sí
a quien no lo merecía.”

También los motivos del campo y de la labranza aparecen en muchas coplas, en ocasiones con un sentido nostálgico, pero la mayoría de las veces desde el punto de vista del que sabe que es la tierra la que da de comer, con lo que hay que darle constante tributo y reverencia.

"Qué pájaro será aquél
que canta en la verde oliva,
dígale usted que se calle,
que su cante me lastima".

“Sembré en los Santos trigo,
con las bestias lo labré
quiera la Virgen santa
que me lo pueda comer.”

“Dígame pronto Madre
La primera luz del día
Si en el mundo entero hay
Tierra como la mía.”

En fin, como cualquier manifestación artística popular, conviven la anécdota con la filosofía, el chisme con el romance, con cumbres metafísicas como la que cierra esta entrada. Espero que disfrutéis intensamente de estas fechas de amor y fiesta.

“Me puse a beber un día,
de la fuente del saber
me puse a beber un día.
Y sólo logré entender
que no hay filosofía
que pueda comprender.”

domingo, 14 de febrero de 2010

Edward Hooper

(Nyack, EEUU, 1882 - Nueva York, EEUU, 1967)

«Chair car», 1965.

¿Nunca habéis estado en la cafetería de un aeropuerto o en una estación de tren, y os ha parecido que estábais dentro de un cuadro de Edward Hooper? A mí me ha pasado muchas veces, sobre todo si está anocheciendo y los últimos rayos de sol entran casi horizontales por las ventanas.




«Corn Hill», 1930.



Esa chica que repasa su agenda en el portátil, al final de la sala, el vendedor con el nudo de la corbata desanudado y con la mirada perdida en el vacío, los reflejos fríos de la luz en el acero.

«Morning sun», 1952.

Muchos críticos han comentado que Hooper es el pintor de la soledad del hombre contemporáneo (en realidad, de la mujer, que sitúa casi siempre en el punto focal de la mayoría de sus obras).




Salas de espera, barras de bar vacías, habituaciones de hotel, paisajes con mansiones aisladas en una naturaleza transformada…

Es posible que sea así. A a mi básicamente me fascina la fuerza de evocación de sus cuadros, y la humanidad de los personajes, sobre los que se podría escribir un relato con inicio en la escena de la pintura.


«Nighthawks», 1942.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Geoff Hunt

«HMS Surprise», 1998.

Geoff Hunt
(Londres, 1948)

Esta vez os presento un pintor de género, poco conocido fuera de los círculos de los aficionados a la vela y a las novelas de la serie "Aubrey-Maturin" de Patrick O'Brian, en las que diseñó todas sus portadas.

Aunque el amigo Hunt nunca podrá compararse con los clásicos del paisajismo inglés o francés del XIX y tiene la limitación de dedicarse a un género que -querámoslo o no- se presta a pocas innovaciones, tenemos que reconocer que sus pinturas de olas, velas y cabos tienen una luz y un enfoque realmente interesantes.










«La Pinta y la Niña vuelven a casa», 1997.



Uno puede pasarse horas buscando detalles en estos lienzos, de técnica muy lograda, y al rato se imagina en el alcazar del buque, dirigiendo una maniobra de abordaje o descubriendo una isla desierta.

«El HMS Agamemnon y la flota del Mediterráneo en 1796», 1995.




«Llegada de la corte de Portugal a Rio de Janerio en 1808», 1999.










domingo, 8 de noviembre de 2009

Lágrimas de Eros

Man Ray, «Las Lágrimas», 1932.


Hace unos días tuve la oportunidad de disfrutar de la exposición 'Lágrimas de Eros' en el Thyssen de Madrid, sobre la historia del arte erótico, y me traje algunas postales que he querido publicar en este cuaderno para que os animéis a visitar esta muestra.










Gustave Courbet, «Mujer en las olas», 1868.


Lo bueno de estas exposiciones temáticas es que no llegas a cansarte de ver cuadros y esculturas (hora y media cunde para verla muy bien), a la vez que puedes comparar diferentes visiones sobre un mismo tema de distintos autores, estilos y épocas.


Creo que esta vez si resulta fácil entender eso del diálogo entre diferentes obras artísticas, porque los comisarios de la muestra nos ofrecen una sala por cada tema de la historia del erotismo clásico: "Venus", "Las tentaciones", "Eva y la serpiente", "San Sebastián", "El beso" y otros. En todos los temas encontramos obras desde el siglo XV al XX, algunas nunca antes expuestas en España.




Jean Broc, «La muerte de Jacinto», 1801.


En estos años en que el puritanismo se ha aliado con el feminismo mal entendido para perseguir el desnudo y el sexo en el cine y la publicidad como pornografía, me ha parecido muy interesante observar cómo en otras épocas era posible también acercarse a la transgresión de la sugerencia erótica, de una forma realmente excitante.

Salvador Dalí, «Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar», 1944.







sábado, 24 de octubre de 2009

Caspar David Friedrich

Caspar David Friedrich
(Greifswald, Alemania, 1774 - Dresde, Alemania, 1840)

Aficionado como soy al siglo XIX, una conversación relativamente habitual con mi mujer y con muchos amigos es el daño que ha hecho la novela y el cine del siglo XX al concepto “Romanticismo”.

Y digo daño porque por romántico se entiende una estética almibarada, llena de suspiros y de rosas, con historias de amor que siempre acaban bien; cuando en realidad el romanticismo genuino supone aventura, riesgo, afición a lo exótico, a lo salvaje, gusto por las ruinas, las nieblas otoñales y las ruinas misteriosas.

De hecho, hubo un momento del período romántico donde la idea de lo sublime se asoció ante todo a una experiencia no vinculada al arte sino a la naturaleza, imponiéndose una “poética de las montañas”, donde pintores y novelistas se sintieron fascinados por las rocas inaccesibles, los glaciares sin fin, las extensiones sin límites.

A mediados del XIX, el filósofo británico Shaftesbury escribirá «Hasta las ásperas rocas, las grutas musgosas, las cavernas irregulares y las cascadas desiguales, adornadas de todas las gracias de lo salvaje, me parecen mucho más fascinantes porque representan más genuinamente la naturaleza y están envueltas de una magnificencia que supera con mucho las ridículas falsificaciones de los jardines principescos».

Uno de los pintores que encarna este ideal romántico es Caspar David Friedich, pintor alemán del que hay muy poca obra expuesta en España, y al que he querido dedicar esta entrada. De hecho, según muchos autores, su cuadro “Caminante en un mar de niebla” retrata el paradigma del hombre romántico.

La primera vez que contemplé obras de C.D. Friedich fue en un museo de La Haya, y desde entonces me ha fascinado su capacidad para plasmar la belleza y el misterio de acantilados y bosques, icebergs y peñascos.

De hecho, pienso que la estética de lo salvaje de los cuadros de C.D. Friedich ha influido en muchos pintores de la naturaleza actuales, en un momento donde se hay mucha creación de calidad con esta temática.

En esta entrada podéis disfrutar de las siguientes obras:

- Dolmen en el bosque.

- Naufragio en un mar de hielo.

- Caminante en un mar de niebla.

- Bosque con niebla.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Tamara de Lempicka

Tamara de Lempicka
(Varsovia, Polonia, 1898 - Cuernavaca, México, 1980).


Lempicka siempre me ha interesado por la rara belleza de su retratos -básicamente es una retratista- y por el hecho de que fue radicalmente figurativa en un siglo rabiosamente abstracto, anticipando una estética que luego sería muy utilizada en revistas, vídeos musicales y películas de los 80'.




Sus cuadros se suelen clasificar dentro del movimiento 'art decó', una corriente artística que es muy conocida por el gran público en el ámbito de la arquitectura o las artes figurativas, pero que en pintura parece haber pasado a mejor vida, con muy poca representación en los grandes museos del siglo XX.







Mundana, bisexual y siempre rodeada de lujo, fue un pintora maldita desde la segunda posguerra, por la temática aristocrática de su obra y la avalancha de la antifiguración. A pesar de su longevidad, no tuvo tiempo de ver como su obra se revalorizaba con el nacimiento de la cultura 'pop'.



Espero que podáis disfrutar conmigo de estos cuadros llenos de erotismo, calculada frialdad en la mirada y fondos cubistas -tipo "Metrópolis" de Fritz Lang-, que nos transportan a un mundo de sofisticación.


Las obras publicadas en esta entrada son óleos de época más 'art decó' de la artista, entre 1920 y 1930:
- 'Autoretrato'.
- 'Retrato de Marjorie Ferry'.
- 'Adán y Eva'.
- 'Andrómeda'.